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Alberto, hoy resuena tu nombre
Se escucha tu palabra encendida
Tu rostro, hoy recorre las calles
Tu huella, marca un nuevo camino.

Profeta, que anunciaste el Reino
Supiste denunciar el dolor
Reíste con un canto a la vida
Mostraste un camino mejor.

Alberto, contemplé tu figura
Incendiando las calles de una oscura ciudad,
Y vi que mil rostros reían y otros más comprendían
Que era el paso de Dios.

Alberto, has tocado nuestra alma
Y ya siento que enciendes ese fuego de Dios,
Tu vida fue un regalo divino,
Una historia que hizo de este Chile un hogar.


Maestro, que enseñaste a vivir la vida
Como lo hizo Jesús,
Mirando en los hombres que sufren,
Su cuerpo castigado en la cruz.

Apóstol, compañero del pobre
Viviste en tu carne el dolor
De tantos que vivían despreciados
Tu manos fueron pan y hogar.

Alberto, contemplé tu figura
Incendiando las calles de una oscura ciudad,
Y vi que mil rostros reían y otros más comprendían
Que era el paso de Dios.

Alberto, has tocado nuestra alma
Y ya siento que enciendes ese fuego de Dios,
Tu vida fue derramada en las calles
Se alza inmensa hacia el cielo en las manos de Dios

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