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El presidente de la CECh enfatizó en la necesidad de un compromiso solidario en beneficio del bien común, que no puede ser pasajero, para cumplir el anhelo de un país más justo y equitativo, en donde todos seamos hermanos, y vivamos la experiencia de darse a otros.

 

 


En el aniversario del fallecimiento de San Alberto Hurtado, Mons. Alejandro Goic, obispo de Rancagua y presidente de la Conferencia Episcopal de Chile, presidió la misa en la memoria del santo de la justicia y la solidaridad, invitando a toda la comunidad chilena a unirse en torno a su mensaje que, año tras año, ilumina la realidad del país.

 

Concelebraron, el provincial de los jesuistas, P. Eugenio Valenzuela S.J., el rector del Santuario del Padre Hurtado, P. Paul Mackenzie S.J., y el capellán del Hogar de Cristo, P. Agustín Moreira S.J.

En su homilía , el pastor explicó que el compromiso solidario, el esfuerzo permanente por mejores condiciones para los más necesitados, es el proyecto de Cristo.

 

“La civilización del amor se empieza a construir aquí y ahora (...) Es que el compromiso solidario comienza en familia, desde el matrimonio solidario que se entrega por entero al mayor bien de sus hijos. Y se cultiva en el colegio, en un sistema educativo que lucha por reformarse y crecer, pero en el que persisten desigualdades que nos duelen en lo profundo. El compromiso solidario se juega en la vida laboral, porque el trabajo es obra de todos; en la convivencia diaria de la ciudad, del barrio; en la riqueza hermosa de las amistades que se cultivan y perduran”, agregó Mons. Goic.

 

Citando el Evangelio de Lucas, recalcó en que el samaritano cuando vio al hombre herido, se conmovió, y es en ese dolor solidario donde no hay diferencia religiosa, racial, política ni económica que valga. Luego, la conmoción se convirtió en una acción para ayudar a su prójimo.

 

“San Alberto comprendió bien que dar es más que aportar dinero, porque sintió la conmoción del samaritano que mira al sufriente a los ojos. Le habría sido más fácil pagar por el servicio: con su dinero otro podría haber curado y acompañado al hombre herido. Pero el samaritano quiso lavar y curar las heridas con sus propias manos. Quiso quedarse y hacerse responsable de su hermano”, manifestó el obispo de Rancagua.

 

“La solidaridad”, continuó Mons. Goic, “no se puede agotar en consignas de campañas, y tampoco puede convertirse en una suerte de “turismo social” en que ocasionalmente estamos un rato junto a los pobres”.

 

Finalmente, recordó que una solidaridad auténtica tiene dos dimensiones: por una parte, el amor humano y la misericordia, y por otra, la acción, la necesaria búsqueda de la transformación de las condiciones sociales, políticas y económicas. “Porque, en palabras del apóstol Santiago, una fe sin obras es una fe muerta”, manifestó.

 

Al finalizar la Eucaristía, Mons. Alejandro Goic llevó la reliquia de San Alberto Hurtado a su tumba.

 

- Ver texto completo de la homilía de Mons. Alejandro Goic

 

Fuente: Prensa CECh

 

 

 

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