Escrito por Rodrigo Rojas
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3.jpg1.- Hace ya varios meses que todos hemos escuchado con insistencia que asistimos a una crisis económica a nivel mundial. Nos unimos a las preguntas que expresa el Santo Padre Benedicto XVI: “¿Cómo no pensar en tantas personas y familias afectadas por las dificultades y las incertidumbres que la actual crisis financiera y económica ha provocado a escala mundial? ¿Cómo no evocar la crisis alimentaria y el calentamiento climático, que dificultan todavía más el acceso a los alimentos y al agua a los habitantes de las regiones más pobres del planeta?” (enero 2009).

Según los entendidos, se trata de una crisis del sistema financiero, alimentada por acciones especulativas, que poco a poco comenzó a afectar la economía real; y probablemente derivará en una recesión mundial con consecuencias graves en el empleo y en el nivel de crecimiento económico en los países.

Se trata también de una crisis con claras implicancias éticas, ya que ha prevalecido el afán de lucro por sobre los valores humanos de respeto, justicia y responsabilidad social.


El Papa ha afirmado que “se trata de la avaricia humana como pecado… y que debemos denunciar esa idolatría que se opone al Dios verdadero y que falsifica la imagen de Dios a través de otro dios, el dios dinero “

Por tanto muchos ya están reaccionando y plantean la necesidad de revisar los fundamentos morales y culturales que guían el sistema de mercado mundial; y que se revisen también los códigos de ética y los actuales sistemas regulatorios del mercado. Además se está planteando la responsabilidad de los Estados y su papel regulador, para proteger el Bien Común y afirmar la sustentabilidad de los mismos procesos económicos.

2.- ¿Qué pensamos desde la fe?

Ante todo, en el Documento de Aparecida, los Obispos de América Latina ya advertían, en 2007, que la globalización, junto a varios aspectos positivos, comporta también el riesgo del fortalecimiento de los grandes monopolios y de convertir el lucro en valor supremo. De ahí la urgente necesidad de que la globalización deba regirse por la ética, poniendo todo al servicio de la persona humana creada a imagen y semejanza de Dios (DA 60).

El afán excesivo de lucro no se debe poner por encima de la valoración del trabajo y del empleo.

Ahora, en Febrero de 2009, el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) nos ha hecho un llamado especial en una triple perspectiva:

a. Todos tenemos una responsabilidad sobre esto. Los gobernantes y políticos, también los empresarios y trabajadores, las asociaciones civiles y religiosas.

b. Todos estamos llamados a promover la humanización de las estructuras políticas, económicas y de desarrollo; para favorecer el bien común, para salvaguardar la prioridad del trabajo sobre el capital, y la producción por sobre las finanzas.

c. Es necesario recorrer juntos este camino de amenazas y oportunidades, apostando a algunos valores básicos: democracia, participación y diálogo.
Los obispos de nuestro continente nos han animado a mirar el futuro con gran esperanza, y asumiendo al mismo tiempo serios compromisos. Especialmente a expresar nuestra solidaridad en acciones y obras concretas; y luego a incentivar estudios y búsquedas para ir logrando un nuevo modelo de desarrollo en América y un sistema económico mundial mejor regulado que elimine la pobreza y promueva la justicia y la solidaridad en el continente.



3.- En Chile y en nuestra Diócesis.

Queremos invitar a estar atentos a todo esto que está sucediendo, con una mirada humana práctica; y a la vez una mirada desde la fe, esperanzada y optimista, actitud fraterna y mucha solidaridad.

Concretamente proponemos:

3.1. Promover una reflexión en las comunidades cristianas sobre la crisis actual. Conversemos sobre cómo nos afecta en lo cotidiano, cómo la enfrentamos en nuestra familia y nuestro ambiente, qué valores están en juego y qué proponemos para promover el Bien Común y para respetar el medio ambiente.

3.2.- Que el Estado, los empresarios y las Instituciones se esfuercen por cuidar el trabajo; aun por sobre las legítimas ganancias. Tenemos que evitar usar el empleo como una variable de ajuste frente a la crisis. Y en los casos más extremos habrá que plantearse varias alternativas que denoten la valoración del trabajo (de empresarios y de trabajadores) como la principal fortaleza de las empresas. Que los empresarios ayuden especialmente con un gran esfuerzo de mantención de los puestos de trabajo, pensando en la familia afectada.

3.3. Que los trabajadores aporten también a cuidar las fuentes de empleo. Incluso, que se procuren soluciones de solidaridad fraterna para situaciones de especial gravedad; por ejemplo, que quienes perciben sueldos más altos, eventualmente y cuando no haya otra alternativa, puedan estudiar pequeñas rebajas a sus remuneraciones para posibilitar la mantención de fuentes de trabajo (para otros hermanos cercanos).

3.4.- Que mantengamos en forma permanente una actitud solidaria, pensando sobre todo en los más pobres y desprotegidos.

Una familia y una empresa que se preocupa preferencialmente de sus hermanos más débiles, siempre sale muy favorecida en sus propósitos y en su productividad y salud integral. Echemos a andar toda nuestra creatividad para asumir como comunidad las dificultades que enfrentan los hermanos.


4.- Reflexión final

Los cristianos estamos llamados a mantener firme nuestra identidad de fe, viviendo con esperanza y revitalizando nuestro amor. Ese será el mejor testimonio de que creemos en un Dios que está animando la vida en forma permanente, y que actúa a través de los que se esfuerzan en promover el bien común y la fraternidad con todos.

Como Iglesia aportemos nuestra oración constante, preocupación por todo lo que le ocurre a nuestros hermanos, acompañando de cerca a las personas y comunidades más afectadas. Expresemos algún gesto de ayuda y solidaridad con algún hermano que sufre; pues eso puede ayudar a llevar con más fortaleza su cruz y podemos aportar una luz de resurrección.

Especialmente en la Eucaristía ofrezcamos nuestra actitud solidaria y supliquemos el saber entregar una visión de fe, ayudando a descubrir la presencia del Señor en medio de las dificultades y del dolor.

Cristo Resucitado está actuando y guiando también la historia actual. Él nos está acompañando, recordándonos que hay valores objetivos y altos que se encuentran más allá del mercado; y que constituyen lo más importante de la vida humana: la verdad, la justicia, la fe, el amor y la dignidad y derechos de todos.



† Enrique Troncoso Troncoso
Obispo de Melipilla
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