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Cartagena - Chile

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Personajes que participaron en la obra. Los padrinos y madrinas del Templo.

Se ha considerado oportuno para este trabajo, recuperar algunos de los nombres de tantas personas que contribuyeron generosamente en la edificación del templo parroquial. En agradecimiento por su inmensa cooperación, se escriben más abajo los nombres que parecen registrados en la invitación del día de la solemne inauguración del Templo, el 14 de Julio de 1912.

1. Arzobispo de Santiago: Don Juan Ignacio González Eyzaguirre
2. Carlos Rojas Valdés y
3. Sra. Raquel Errázuriz de Rojas
4. Pbro. Manuel Tomás Mesa
5. José Ramón Gutiérrez y
6. Sra. Carolina Alliende de Gutiérrez
7. Ricardo Matte Pérez y
8. Sra. Luisa Amunátegui de Matte
9. José Francisco Fabres y
10. Sra. Celinda Larraín de Fabres
11. Abdón Cifuentes y
12. Sra. Luz Gómez de Cifuentes
13. Pbro. Baldomero Grossi
14. Pbro. Gilberto Fuenzalida
15. Pbro. Francisco Antonio Cruzat
16. Pbro. Adolfo Echarte
17. Pedro Fernández Concha
18. Francisco Celis y
19. Sra. Adela Meyer de Celis
20. Manuel Olivares Morán y
21. Sra. Emelina Bascur de Olivares
22. Napoleón Scolari
23. Juan Domingo Tagle Arrate
24. Domitila Araos v. de Guzmán
25. Domingo Ibarra y
26. Sra. Genoveva Celis de Ibarra
27. Abel Saavedra y
28. Sra. Lucrecia Varas de Saavedra
29. Enrique Morandé y
30. Sra. Sara Campino de Morandé
31. Enriqueta Huidobro v. de Morel e hija
32. Gaspar Toro y
33. Sra. Luisa Barros de Toro
34. Adolfo Fernández y
35. Sra. Adela Larraín de Fernández
36. Carlos Salinas y
37. Sra. Rosa Cerda de Salinas
38. Agripina Labbé v. de Palma
39. Aurelio Palma Labbé
40. Adolfo Hurtado y Señora
41. Víctor Dumas y
42. Sra. Sotomayor de Dumas
43. Enrique Costa y
44. Sra. Blanca Goycolea de Costa
45. Aníbal Aspillaga ( Doctor) y Señora.
46. Horacio Manríquez y
47. Sra. Celinda González de Manríquez
48. Filomena Mac-Kenna v. de Valdés
49. Pbro. Santiago Vial Guzmán y hermanas
50. Carmela Mira v. de Jara
51. María Ulloa de Zavala
52. María Luisa Robles de Robles-Vía
53. Ismael Tuñon y Señora 54. Rafael Herrera y
55. Sra. Rosa Palacios de Herrera
56. Enrique Ruiz-Tagle y
57. Sra. Jesús Mena de Ruiz-Tagle
58. Juan Domingo Dávila Ossa y Señora
59. María Elisa Concha Cortínez y hermanas
60. Miguel Vargas Bustón e hijas
61. Miguel Opazo Letelier y
62. Sra. Elena Palacios de Opazo
63. Desiderio Lemus
64. Alberto Ruiz-Tagle Larraín
65. Daniel González y
66. Sra. Mercedes Ramírez de González
67. Lucila González Ballesteros
68. José del Carmen González y
69. Sra. Lucrecia González de G.
70. Pedro Barrera y
71. Sra. Rosalía Aguirre de Barrera
72. Pedro Antonio Moyano y
73. Sra. Desideria Morgado de Moyano
74. Pedro Zelada y
75. Sra. Carmen Rosa de Zelada
76. Magdalena Vergara
77. Alberto Valdés Errázuriz y
78. Sra. Amelia Hurtado de Valdés
79. Moisés Valenzuela y
80. Sra. Dolores Palacios de Valenzuela
81. Pastor Fernández y
82. Sra. Mercedes Mira de Fernández
83. Juana Gandarillas de Pereira
84. Filomena Delpiano v. de Cardemil
85. Aureliano Oyarzún (Doctor) y Señora.
86. Ricardo Lezaeta y
87. Sra. Berta Castillo de Lezaeta
88. Ramón Valdivieso N. y
89. Sra. Ernestina Delauné de Valdivieso
90. Mariana Zavala
91. Ramón Vargas y
92. Sra. Mercedes Troncoso de Vargas
93. Ángel Bustos y
94. Sra. Zoila Palacios de Bustos
95. Manuel Cifuentes y Señora.
96. Severo Undurraga
97. Amelia Bustón v. de Vargas
98. Ricardo Scolari
99. Micaela Scolari
100. Pedro Frías
101. José Domingo Hinojosa
102. Nicanor Cardemil y
103. Sra. Teresa Rivera de Cardemil
104. Emilia Jara de Álamos
105. Luis Calvo Mac-Kenna y
106. Sra. Julia Eyzaguirre de Calvo
107. Lugarda Fontecilla
108. José Pedro Guzmán y
109. Sra. Blanca Palacios de Guzmán
110. Ezelino Guadaroli y
111. Sra. Ernestina Agnelli de Guadaroli
112. Germán Hidalgo y
113. Sra. Gertrudis Haff de Hidalgo
114. Jesús García
115. José del Carmen García
116. Clodomiro Palacios y Señora
117. Nicolás González Errázuriz y
118. Sra. Eduvigis Vial de González
119. Francisco Salazar y Señora
120. Domingo Valdés Lira y Señora
121. Lugarda Jara de Lazo
122. Dolores Miretti de Valdés
123. Ernesto Menares y Señora
124. Emilio Santis y
125. Sra. Clorinda Arévalo de Santis
126. Luis Dote y
127. Sra. Ninfa Jiménez de Dote
128. Samuel Robledo y
129. Sra. Gregoria Aguirre de Robledo
130. Genaro Tobar y
131. Sra. Gregoria Cortés de Tobar
132. María Hidalgo
133. Enriqueta de Marty
134. Raquel de Vivaldi
135. Federico Fazzini y Sra
136. José Robinovicth y
137. Sra. Rosa Levitás de Robinovicth
138. Señor Vigouroux y Señora
139. Ramón Ocampo y Señora
140. César Ruiz-Tagle y Señora
141. Próspero Ovalle y Señora
142. Francisco Santa Cruz e hijas
143. Rosario Mena de Barros
144. Joaquín Troncoso y
145. Sra. Mercedes Mira de Troncoso
146. Froilán Valenzuela y Señora
147. Joaquín Luco ( Doctor) y Señora
148. Félix Mondini


(Lista tomada del Archivo de la Parroquia de Cartagena desde la página 33 hasta la 38)

Quizás no se aprecie la importancia social del grupo de los mencionados padrinos y madrinas, por ello es bueno destacar algunos de los datos obtenidos en esta investigación. Si bien no se ha podido destacar en su totalidad la importancia de los mencionados personajes en la época, si se puede mostrar con evidentes datos algunos de los que se ha encontrado algún dato que sirva para ello. Basta con solo leer los apellidos para evidenciar la influencia de estas personas. En mayoría son familias aristócratas y burguesas que hicieron de Cartagena un agradable lugar para su descanso.

Como ejemplo se pude destacar a

Don José Francisco Fabres:
Fue uno de los mayores colaboradores de la construcción. Fue abogado y servidor público, se educó en Instituto Nacional, y se graduó en la universidad en 1886. Fue diputado y Ministro de Hacienda.

Abdón Cifuentes:

Abogado y servidor público. Nació en San Felipe. Estudió en el Instituto Nacional. Fue oficial mayor del ministerio de Relaciones Exteriores (1867), Diputado por Rancagua, Ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública bajo la presidencia de Federico Errázuriz. También fue senador por la provincia de Aconcagua.

Pedro Fernández Concha:

Político y servidor público. Gobernador de Caldera, Director del Partido Conservador y Senador de la República.

Entre otros de los personajes que asistieron, según relata El Ilustrado, se encuentran los sacerdotes Pbro. Efraín Madariaga, Pbro. Gaspar Cardemil, Pbro. Ezequiel Ortiz, Pbro. Pedro Lezana, Pbro. José Ignacio Muñoz, Pbro. Estanislao Godoy, Pbro. Luis Iglesias, Pbro. Cipriano Strain, es decir, un poco más de diez clérigos estuvieron presentes aquel día de enero.

En lo que respecta a la vida social se encontraban algunos conocidos personajes. El diario El Ilustrado agrega nombres que no figuraban en ninguna de las listas anteriores:

  1. Ricardo Cox Méndez
  2. Ángel Oléa
  3. Alberto Arteaga
  4. Alberto Pizarro
  5. Manuel Morán
  6. Martín Sotomayor
  7. José Ramón Vargas Prado
  8. Miguel Ángel Velasco
  9. Ramón Salas Edwards
  10. Eulogio Solar
  11. Juan José Mira
  12. Aurelio Palma
  13. Domingo Ibarra
  14. Estanislao García-Huidobro
  15. Juan José Palacios Portales
  16. Guillermo Silva
  17. Ismael Zurrón
  18. Arturo Jaraquemada
  19. Carlos de la Fuente
  20. Francisco Javier Sánchez
  21. Gilberto Infante
  22. Luis Fresno
  23. Arturo Fontecilla


También existía la costumbre de que la imagen patronal, es decir, a quien se dedicaba la parroquia, contara con madrinas. En el caso de la iglesia de Cartagena tuvo como primer patrono al Santo Ángel de la Guarda. La imagen que se menciona, es la que permanece hasta estos días en la cúpula, arriba del altar mayor, aunque actualmente la advocación es Virgen Medianera.

Las madrinas de la bendición del Ángel de la Guarda fueron las señoras: Teresa Barros de Ovalle, Celia González de Corbalán, Domitila Huneeus Gana, Enriqueta Ruiz-Tagle Larraín, Matilde Santa Cruz, María Sánchez Vergara.

Es bueno rescatar un interesante dato de estos tiempos. El Padre Palacios fue quien acordó con el Señor Enrique Miguel, vecino de Cartagena, el arrendamiento del local parroquial, ya existente, para el funcionamiento del biógrafo (cine) en la comuna, justificando al Arzobispo en el momento que pidió permiso para hacer el trato con el arrendatario, que el biógrafo sería un entretenimiento honesto para la comunidad cartagenina. Tal construcción hasta la actualidad pertenece a la parroquia.

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La inauguración del templo.

Estando el templo terminado sólo quedaba esperar los trámites eclesiásticos para conseguir los objetivos que se había propuesto el primer grupo de interesados, el 5 de febrero de 1910. Se esperó la temporada de verano para que el templo recién construido se viese lleno de feligreses, muchos de los cuales hicieron generosos aportes económicos, para celebrar dentro de él los sacramentos.

El 14 de enero de 1912 fue la solemne inauguración del templo. Fue una gran fiesta que reunió a todo el pueblo. Para la ocasión llegaron hasta el balneario las más distinguidas familias de Santiago entre las que se contaban las que más se vieron vinculadas a la obra desde el comienzo.

El Padre Ernesto Palacios Varas, vicepárroco de Cartagena, invitó a toda la comunidad a participar de este gran acontecimiento social. Se guarda entre el archivo parroquial una invitación del 9 de enero de 1912, en donde el clérigo llama a participar de la Bendición e Inauguración del Templo Parroquial para el domingo siguiente a las 10 de la mañana.

El original del conservador periódico santiaguino, El Ilustrado informa detalladamente como ocurrió aquel día:

Desde las primeras horas de la mañana, la Plaza de Cartagena se vio invadida por una interminable columna de fieles, que concurrían a solemnizar el acto religioso que se había fijado para las 10 A.M. En efecto, a la hora apuntada, el Vicario general del Arzobispado, Pbro. Manuel Tomás Meza delegado especial del Arzobispo de Santiago, Don Juan Ignacio González Eyzaguirre, dio principio a la ceremonia con la bendición exterior del templo, la que resultó imponente. Terminada la bendición se dio comienzo al oficio de la Santa Misa. El templo estaba lleno de fieles, no existiendo, propiamente hablando, un solo sitio desocupado, albergando en el interior a no menos de tres o cuatro mil almas.

Las columnas de la iglesia ostentábase hermosamente adornadas con guirnaldas de flores naturales (que hicieron un grupo de distinguidas señoritas).Como maestro de ceremonia fue designado el Pbro. Tomás Véliz, Visitador Diocesano.

Durante la misa, un coro de cantores acompañados de una escogida orquesta, entonó hermosos himnos sagrados.

El sermón fue predicado por el Reverendo Padre Adolfo Echarte; en escogidos términos el padre dilucidó el tema: “Considera la santidad del lugar en que pones tus pies cuando entras a la casa del Señor” (Eclesiastés 4, 17)

A las cinco de la tarde el nuevo templo estuvo nuevamente concurridísimo. El padre Manuel Tomás Meza después de una breve alocución pronunciada por el visitador diocesano, padre Tomás Véliz, administró el Sacramento de la Confirmación a aproximadamente a 300 fieles, entre hombres y mujeres. En seguida, en romería (por lo que se aprecia en la fotografía, esta procesión se hizo alrededor de la plaza), se llevó a efecto, con todos los rituales de estilo, la ceremonia de traslación del Santísimo Sacramento, desde la antigua capilla al nuevo templo.

Agrega el periódico que; Estas fiestas religiosas han hecho época en el puerto de Cartagena, con motivo de la grandiosidad con que se llevaron a cabo y será durante largo tiempo motivo de gratísimos recuerdos, testimoniando que el día de la inauguración fue un momento imborrable para la vida social de los residentes y veraneantes que deseaban para el lugar un lugar donde dar culto al Señor.

Ese mismo día el Padre Ernesto Palacios aprovechó la ocasión para pedir al Vicario General de la Arquidiócesis, Pbro Manuel Tomás Mesa, presente en la inauguración, la autorización para colocar el Vía Crucis en el templo con motivo, como expresa el sacerdote, de que los fieles puedan empezar a ganar las indulgencias. El Vicario dio el permiso correspondiente y tres días más tarde, es decir el 17 de Julio de 1912, el presbítero Tomás Véliz bendijo los cuadros que recuerdan la Pasión del Señor. El Vía Crucis que actualmente existe en la iglesia parroquial no es el que se menciona de dicho año, sino que fue puesto en el año 2002 por el actual párroco. El que se menciona en la carta se mantiene guardado debido a que faltan estaciones para completarlo.
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El dinero para la construcción.

Mientras el sacerdote realizaba sus labores pastorales, los laicos se encargaban de hacer todo lo necesario para recaudar los fondos para los trabajos y materiales de construcción. Las señoras de la comisión aprobada por el arzobispado, vieron como buena idea que las limosnas se recogieran en los diferentes puntos en los lugares públicos y de una forma más personal pasando por cada casa del balneario.

Los innumerables beneficios que se realizaron, en su mayoría obras de teatro, están registrados en la gran cantidad de afiches de la época que los anunciaban. Los actores eran integrantes de las familias involucradas en la labor de dar a Cartagena un templo parroquial; adultos y niños ponían lo mejor de sí para que los espectáculos se efectuaran lo mejor posible. Tales funciones fueron muy apreciadas por la comunidad, debido a que eran las mayores entretenciones que en el momento existían.

Se puede decir que los aportes en dinero que hicieron muchas personas, fueron una ayuda fundamental para la rápida organización eclesiástica en la comuna, de modo que sin tales generosas contribuciones no hubiese sido posible establecer el nuevo establecimiento a cargo de la religiosidad de los fieles.
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La estructura del Templo.

Los trabajos de la construcción del templo se realizaban con lentitud por la demora del traslado de los materiales, que casi con toda seguridad se podría afirmar que se hacían por el lado sur de la comuna, trayéndolos desde el puerto vecino, el vicepárroco se comunicó con su superior, el Arzobispo de Santiago, para pedirle el establecimiento de un nuevo camino público por la propiedad de Don Emilio Santis. La autoridad eclesiástica resolvió que mientras se definía la nueva vía de ingreso al lugar, se diera libertad a todos los que quisieran cooperar en la trasladación de los materiales.

El arquitecto Napoleón Scolari fue el que dirigió las obras. La determinación, de que este fuera el encargado, se había tomado en la reunión del 25 de noviembre de 1910, en la Universidad Católica, en Santiago. El Señor Scolari colaboró en la construcción del templo sin recibir ningún honorario, con la intención de contribuir a la obra evangelizadora y al progreso del pueblo de Cartagena.

El templo se edificó de tres naves de una forma rectangular, en el presbiterio se colocó el altar mayor recubierto de mármol donde se ubicó el Sagrario. La sacristía a un lado del presbiterio. Con cinco entradas, tres en el frontis y dos laterales, una a la calle y otra a la casa del sacerdote. Arriba de la entrada principal se ubicó el coro y órgano a tubos para las celebraciones litúrgicas. El techo es una armazón en fierro con forma de ojivas. En las naves laterales se ubicaban tres altares en cada lado. El frontis destacaba la nave central y las tres entradas que daban a la plaza. El campanario se construyó arriba de la fachada.

De todas maneras, hay que considerar que pese al tamaño de la edificación se avanzó en un tiempo considerable por lo menos en la estructura que daba la forma, pues el 11 de Febrero de 1911 se colocó el techo, demorándose en esta labor tres meses.

Al parecer, el resto del año 1911 estuvo dedicado a terminar todos los detalles del interior y el exterior de la edificación. Se compraron las imágenes que estarían en el interior del templo, y lo necesario para celebrar los sacramentos. Aunque no se ha encontrado ningún escrito que constate como fue este proceso, se puede deducir que a cargo estuvo el Padre Palacios y la comisión de laicos que ayudó a la construcción.
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El Padre Ernesto Palacios y su mirada sobre Cartagena.


Al parecer el Padre Palacios se mostró interesado desde el primer momento en conseguir la erección de la parroquia en el balneario que visitaba. De ahí que se pronuncia sobre la falta de un establecimiento eclesiástico en la naciente y lujosa Cartagena de principios del siglo XX.

El sacerdote tenía una fuerte preocupación para que el pueblo consiguiera una identidad religiosa. Se inquietó por los hechos que hacía que llegasen al pueblo los vicios de la urbanidad. Desde el mismo pueblo escribe al Arzobispo el 4 de Abril de 1911 en una extensa carta. Para conocer directamente lo que escribe, es preciso reproducir sus mismas palabras para conocer más de cerca sus pensamientos.

Él expresa que ha podido apreciar más de cerca el estado religioso y moral en se encuentra la feligresía. Agrega que el pueblo no vive la vida cristiana, notando una lamentable indiferencia en lo que se refiere a algunos cumplimientos mínimos de deberes religiosos. Por otra parte, el uso del alcohol se ha desarrollado de un modo alarmante, hasta existir treinta y cuatro cantinas, de las cuales, algunas funcionan de día y de noche frente a la misma plaza del pueblo, con canto permanente y el consiguiente escándalo público. Sin duda esta carta tiene una destacada motivación para conseguir pronto la erección de la parroquia.

El remitente quiere expresar la urgencia que se tiene ante las circunstancias que hacen que Cartagena se vea afectada por los peores elementos de perversión, como por ejemplo los vicios que han traído personas de malas costumbres por el acceso ferroviario que llegaba hasta San Antonio.

La mirada del Padre Palacios, respecto de la situación moral y religiosa del pueblo pudiera parecer en cierto aspecto negativa. Por el contrario, el mencionado sacerdote se muestra positivo y con grandes proyectos para dar al naciente pueblo una mayor educación que dará progreso y bienestar a los hijos que se le han encomendado a su cargo. El Padre Palacios tenía la intención de edificar a un costado del futuro templo, una escuela parroquial que otorgaría una mejor calidad de vida a los habitantes desde su niñez. En el citado escrito el sacerdote escribe de cómo atiende a la feligresía, él viajaba al pueblo los domingos y los días de precepto, es decir las fiestas religiosas inamovibles durante el año, para celebrar la Eucaristía.